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viernes, 8 de noviembre de 2019

De lejos


Soledad que me acompañas
Dile pronto que me acallas
Cuando su nombre pronuncio
Al tiempo eterno que seduzco
Para su memoria ver
Y aunque no he merecer
Sus caricias ni su nombre, 
No me duele que su hombre
Sea aquel mismo que de apoyo
Alguna ves le dejé yo.

Siendo por cuanto 
Que su mirar me hace quebranto;
No lloro absurdo por su ausencia, 
No entendería que tu clemencia
Es la que hizo en este espacio
Pequeño abismo con su abrazo, 
Donde el dolor agudo ya no cabe; 
No tengo inberme de su puerta llave 
Y me niego a verla 
Por mi ciega estupidez de no tenerla. 

Soledad que das abrigo 
Mantenme siempre de tu trigo;
Dame tu abrazo, 
Quitame el frío;
Suspiro al verla, 
Me niego a mirarla;
Sólo dile de lejos
Que la hecho de menos. 




@manuelbrito59 
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miércoles, 6 de noviembre de 2019

Averías


Yo tengo el corazón averiado
¿Señor Dios, lo podrás componer?
No se en dónde se quedó pasmado
Señor, ya no sé qué hacer con él.

Yo tengo el corazón atrofiado,
En excesos lo he de recoger;
Se me ha ido vagando en silencio;
Nadie ha visto que se puso cruel.

Señor, tengo el corazón blindado,
Solo máscaras se sabe poner;
De la vida solo vive un tercio,
Nadie quiere vivir como él.

Señor, tengo el corazón de hielo,
Ella sabe que no supo querer;
Para ella no guardo desprecio,
Mi desprecio se ha muerto con él.

Ahora tengo el corazón quebrado
Y no sé como decirte, mujer;
Que se guarda para ti un alto aprecio
Y que te ama como yo le amo a él.



@manuelbrito59
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viernes, 1 de noviembre de 2019

En línea


-Mirar la pantalla
Es como verte a los ojos.

Y me da miedo lo que te pueda escribir
Pero no tanto como lo que al verme "escribiendo" te puedas pensar.

Y es que entre nosotros,
Sé que soy el más canalla.

-Los gatos que pasan
Me distraen de escribirte.

No es cierto, no me creas,
¿Y si aprovecho a mentirte
Que no pasan cosas feas?

De esas que a todos alborotan
Al cabo que de cosas lindas nadie miente.

-La tele del vecino no se calla
Los hijos de la vecina van brincando.

Cuando abajo dice: "en línea"
Estando arriba tu nombre,
Sudo pronto y presuroso sufro apnea.

No hago intento ni siquiera
Por lo menos de una línea.

-Cuando abajo de tu nombre dice: "en línea"
Es ahí donde no juego, no me atrevo, es cosa seria.

Yo sé bien que por ahora
Estarme quieto no conviene
Pero al prompt le hago gestos mientras parpadea

Y espero inerte salir de esta manía
De no decirte nada y querer que seas mía.

-Pero  ten algo por cierto:
Aunque la pantalla me siga esperando,

Robaré alguna señal abierta,
Me colgaré tranquilo para conectada verte
Aguantaré en el frío hasta que la pila muera,

Con el alma congelada escribiré deseando
Que por fin quieras leerme y que tu amor me sea sincero.



@manuelbrito59
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domingo, 27 de octubre de 2019

Mía


#PremiosLovecraft2019 🦄😁
"Mía"

-La pequeña es mía - gritaba Daniel a los gendarmes cuando estos trataban de arrancar el pequeño bulto entre sus brazos.

--Ya suéltelo Señor Anidas, ya conocemos esa historia--le replicó el patrullero mientras sus compañeros le tomaban acompañamiento para inmobilizar al viejo, esposarlo y subirlo a la sucia batea de la patrulla 82060.

  Los vecinos de la colonia Herreros estaban más que acostumbrados a las peripecias que le acontecían al anciano que llevaba varios años deambulando solo por las calles cargando una envoltura compuesta por un montón de trapos y ropajes viejos.

  Impávidos, los curiosos veían alejarse a la patrulla, sin prisa, sin ruido, sin sirenas. Sabían que pronto verían al viejo de nuevo.

  Más de diez años atrás, casi quince para ser exactos, al cumplirse la noche vieja de San Juan, su entonces novia Jazmín, resultó embarazada de un extraño merodeador que la forzó a complacerlo en sus íntimas necesidades, mientras en el aquél entonces joven Daniel Anidas yacía inconsciente en el piso mientras sangraba por la sien tras el ataque artero de aquel oportunista visitante.

  Se dice que pasado el mal rato, Jazmín no pudo soportar el hecho de resultar embarazada y buscó a la enfermera de moral divergente conocida en el hospital local como "la espanta Cigüeñas".

  Daniel soportó calladamente el doloroso incidente y pasó el embarazo aceptando los eventos como deseos del altísimo. La quería demasiado. La quería hasta idealizar la grave situación al grado de cuidar de su embarazo y aceptar a la nueva creatura como propia.

  Al enterarse de los planes de Jazmín, el muchacho tardó en asimilar la situación y comenzó a desvariar deambulando por las calles del poblado y de su casa preguntándole a la gente que se le cruzaba si podían decirle un nombre para su hijo, ayudarlo a escoger el nombre más adecuado- Es que ya está por nacer-les decía.

  La gente medio entendía y no entendía mucho de su gran pena. Siempre se mantuvo en secreto el ataque, por el pudor de los padres de Jazmín. Tanto fue el secreto, que Daniel se tomó en serio la responsiva y se casaron a los pocos días de la tragedia.

  Pero ahora habían pasado ya seis meses, por lo cual todo estaba dando vueltas en su cabeza y entre las vueltas que daba, se supo que le mintieron sobre el lugar donde "Mimí" la espanta Cigüeñas trabajaba.

   Se la pasó buscando y recorriendo calles de arriba a abajo tocando puertas. Puerta tras puerta. Una  caritativa (o malintencionada, depende como lo quiera ver uno) respuesta le menciona un lúgubre callejón al que solo le ponían atención los vagos, adictos, borrachas y malvivientes.

  Se internó por la penumbra que avanzaba cubriendo las calles tras caer la noche. Era de suponerse que estaría tocando y gritando que se le diera el acceso, pero no... No estaba consciente aún, tenía la mente ofuscada... Y se les dejó ir encima con un automotor que cogió camino al "Centro de rehabilitación".

  Las paredes de la entrada cedieron bajo el peso y la fuerza del impacto. La desvencijada puerta de acero verde moteado seguía retorcida bajo el motor del vehículo que comenzaba a escurrir sus líquidos sobre el viejo mosaico marfileño.

  Daniel bajó con fuerza, y dando brincos sobre el vehículo ignoró a las personas que había aplastado en aquella sala de espera haciendo oídos sordos a los lamentos y exclamaciones de socorro.

  Avanzó hasta lo que parecía un anfiteatro, empuñaba un escalpelo recogido de una bandeja de paso.

  La escena era simbólica. Su antes novia y ahora esposa se encontraba tendida boca arriba y  desnuda esperando que todo saliera como en su mente había visualizado que sucedería. Mimí ya estaba con su atuendo celeste de cirugía acompañada de dos ayudantes y una más que le aplicaba anestesia epidural a la paciente.

-¡Te amo Jazmín! ¡A ti y a mi hijo, Jazmín!  ¡Nuestro hijo...!- gritó engreído cortándosele la voz por el llanto.

  Y ella sin poder moverse.

  Se dice que desesperado por la escena, se le fue encima a la enfermera Mimí con un escalpelo y sujetandole el cuello con el brazo le puso el filo en un ojo.

  Le ordenó que terminaran de abrir a su mujer para liberar así a su hijo.

  A Mimí le costó el ojo derecho y un corte en la yugular, a sus primeras dos ayudantes... La vida.

  La tercera, la enfermera Romero, con la mano temblorosa le hizo a la embarazada el corte necesario para liberar a la creatura que resultó ser niña y, poniéndole Samantha por nombre, se apresuró a limpiarla mientras Daniel forcejeaba con las otras mujeres y finalmente, mirando la locura en sus ojos, le extendió los brazos para entregarle a la niña "viva" envuelta entre varios paños y semisecos trapos blancos pero ensengrentados y una descolorida cobija a Daniel, quien ofuscado por la pasión y el fragor del momento, la cogió fuertemente apretándola contra su pecho para salir corriendo de ahí con rumbo desconocido.

  También se ha dicho que, después de correr varias cuadras, cayó hincado a una calzada y sobre sus rodillas avanzó un par de metros deteniéndose al llegar a las puertas de la iglesia de la Virgen del Carmen.

  Dicen que una tormenta se desató con fuerza en ese momento, relampageando en medio de la oscuridad celeste por los gruesos nubarrones que cubrieron la ciudad.

  La lluvia cubría su llanto pero no sus gritos lastimeros al descubrir el engaño que había sufrido, su hija no estaba ahí en sus brazos.

  Se dejó caer sobre el encharcado piso de concreto. Se dejó llevar por la frustración del cielo. Se dejó morir en vida. Se dejó a sí mismo desfallecer ahí.

  Cuentan que unas monjas lo recogieron desmayado en medio de la lluvia torrencial para darle cobijo en aquella iglesia. Mas no despertó por un par se semanas y en cuanto pudo se dió a la fuga de aquel lugar para buscar de nueva cuenta a su creatura.

  Lo encontraron gritando el nombre de su amada, gritando el nombre de Samantha, gritandole sus penas a cualquiera que se atravesara.

  Regresaba a su casa, volvía a la de ella. También buscaba por los hospitales y tan sólo se detuvo de buscar al regresar a las puertas de la iglesia que lo había acogido.

  Se ha dicho que rezaba día y noche adentro y por fuera de la iglesia hasta que su aspecto vagabundo comenzó a dar paso al actual personaje que un día de esos se encontró una muñeca plástica que envolvió entre trapos sucios y roidos adoptándola tiernamente.

  Han pasado ya tres lustros desde aquel lamento pero Daniel Anidas sigue vagando con su muñeca en brazos gritando a la gente que le topa por las calles: - ¡Samantha es mi hija! ... ¡La niña es mía! -

  Si tan sólo hubiera regresado a buscar a la enfermera Romero quizás tendría un buen traje de fiesta y una copa en la mano para el festejo de una quinceañera.

@manuelbrito59
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sábado, 19 de octubre de 2019

Esferas


-La bolas doradas que me siguen por lo oscuro del camino me hacen correr desde las dos cuadras atrás, donde el autobús tiene su paradero.-Soraya Muñoz

"-Cuando nos bajamos mi hermana y yo no vimos nada, para ser las siete de la tarde estaba clarito aún. Ninguna de las dos sentimos esta presencia, eso fue de repente.


  Ella sintió al bajar del camión que estaba como calentito el ambiente, yo le dije que de seguro se nublaba, porque siempre que llueve se pone más fuerte el bochorno. Ella me sujeto del brazo y me puso la palma de su mano en la mejilla, de pronto se había puesto toda helada.


  El trasporte nos envolvió en el humo negruzco de su escape, con eso tosimos las dos mientras cerrábamos los ojos para estornudar casi en sincronía.


  Al abrir los ojos estaba oscuro el ambiente, esto fue tan rápido que nos miramos extrañadas para tratar de entender lo que sucedía. El camión avanzaba por el camino dejándonos con una sensación de soledad que siento desde ese día cada vez que veo a un camión alejarse.


  Estela revisó su teléfono, sorpresivamente eran apenas diez minutos después de las siete, debería estar el cielo claro y no de oscuridad como apenas hacía diez minutos antes.


  Sin querer asustar a nadie y menos entre nosotras, decidimos ponernos en marcha hasta la casa. Faltaban poco mas de doce  cuadras exactas para llegar a la casa. Pequeñas, pero doce, en la esquina le tienda de don Quique y a dos casas estaría mi madre lavando y tendiendo la ropa, lo mismo que hacía cada viernes con los uniformes de todos.


  Se me crisparon los nervios y sentí los vellos de la nuca erizarse, como cuando los pavos levantan sus plumas. Mi hermana levantó enfrente de mi la mano y apuntando con él índice la montañita que se veía a lo lejos, me recordó que era un 22 de Octubre, los gitanos de la comunidad deberían estar celebrando en aquel monte sus cosas raras, bebiendo y bailando como a veces lo hacían en la plaza del pueblo hasta que ya borrachos se peleaban entre ellos y volvían a subir al cerro.


  Estela gritó del susto al sentir una mano fría recorrer su espalda. Me lo dijo, le creí al ver una sombra detrás de ella mover lo que me pareció una mano.


  Las esferas del tamaño de pelotas de tenis aparecieron flotando enfrente de nosotros, el  abuelo nos había contado desde niñas el cuento de que a finales de Octubre debíamos alejarnos del cerro y no salir solas de la casa, mucho menos de noche... Pero ya no éramos unas niñas y teníamos que trabajar en la ciudad, por eso volvíamos temprano, antes del oscurecer.

  Giraban, las esferas giraban al rededor nuestro. Palidecí, lo sentí por los escalofríos que no dejaban de recorrer mis nervios. Estela y yo quedamos inmóviles en lo que parecían momentos eternos.

  Algunas esferas se acercaban tanto que me parecía que podía ver dentro de esas cristalinas bolas los ojos rojos inyectados de sangre de alguna mujer de aspecto hosco, fría, sin sentimientos, con algunas arrugas en los ojos y otras muy arrugadas, muy viejas, pero todas esas mujeres parecían arder en llamas ahí adentro. Cómo no íbamos a sentir mucho miedo con ellas pasando entre nosotras y rodeandonos.

  Mi hermana gritó como pudo mi nombre: ¡Soraya! -escuché claramente, no creo haberlo imaginado - ¡Cierra los ojos, tírate al suelo y hazte un ovillo! - Eso es lo que decía el abuelo para deshacerse de ellas.

  Ella sujetó lentamente su bolso de mano, donde guardaba su cartera, metió su teléfono y sin hacer otros movimientos se hincó en el piso para ponerse en posición fetal. Yo traté de imitarla, pero me sentí muy nerviosa cuando una esfera se acercó a mí hermana por la espalda transformándose en una anciana de tamaño normal vestida de falda blanca de manta, su blusa clara bordada de flores negras y naranjas que combinaban con el pañuelo que usaba de tocado en la cabeza. Su collares de huesos tintineaban al moverse. Eso me sorprendió de forma alarmante, ya que más que asustarme de verla posar los pies descalzos en el piso de barro, fue más el pensamiento de que podía hacerle algo a mi hermana.

  Le grité a la bruja: "¡Déjala!" - olvidando lo que él abuelo siempre nos había dicho, nunca, pero nunca, hacerles caso porque entonces vendrían más como ella a tomarnos más interés. Lo lamento ahora, lo olvidé por completo. Lo lamentaré siempre.

  La "bruja", como nos había dicho el abuelo, cogió a mi hermana del cabello levantándola del piso. La puso frente a mis ojos y ella casi se desmaya al entender lo que estaba pasando.


  La bruja posó su mano derecha sobre la cabeza de mi hermana y la pobre de Estela solo se iba convirtiendo en una momia seca, seca. Se me llenaron los ojos de lágrimas mientras se chupaban la energía de mi hermana y no podía hacer nada.


  Otra bruja se convirtió a lado mío transformándose desde la esfera en la que viajaba, con eso fue suficiente para sentir que tendría el mismo fin que mi Estelita.

  No recuerdo más que el sentir el toque abrasador de su mano, ahí me desvanecí.


  Desperté tendida a un lado del camino en medio de la claridad de la tarde. No alcanzaba a recordar en ese momento qué es lo que hacía ahí, pero por instinto me levanté limpiándome el polvo de la falda larga al tiempo que revisaba mi teléfono, apenas eran las siete y quince. - ¡Mi hermana! - me asaltó el recuerdo y pronto caí en cuenta de que todo lo acontecido estaba confuso en mi mente, inverosímil.


  Busqué con la mirada a Estela y al no verla comencé a buscarla por la zona a mi alrededor.

  Caí de pena y horror junto a su cuerpo enjuto, tieso, seco, lo que me dejaron de ella. La abracé con todo mi amor de hermana diciéndole que la quería mucho pero por más que le pedía perdón sabía que yo nunca me lo perdonaría a mí misma.


  Desde aquel día repito a los niños del pueblo los cuentos del abuelo sobre las luces de los gitanos y las esferas que brillan y vuelan. Les cuento la historia de Estela y que aunque ya no les temo, siempre que se me aparecen brillando a mi paso, apresuro mi andar para recorrer las doce cuadras hasta mi casa y guardarme de ellas un día mas.


  Ese día aprendí a no tenerles miedo, pero tampoco voy a dejar que suceda de nuevo, conmigo. Normalmente es a fin de mes cuando le cambio sus flores al pequeño altar hecho a un lado del camino en donde falleció mi hermana. 


  Sólo que ahora cada 22 de Octubre desde hace 5 años, me quedo junto al altar desde antes de las siete de la tarde hasta que Estelita se va de nuevo por ahí de las siete treinta, tan sólo para compartir un café y un par de panecillos con ella.-"




@manuelbrito59 
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A quemarropa


Me agarraste a quemarropa,
No dejaste ni un espacio,
Traicionera de los besos,
Me has usado como a un trapo;
Pero si es que te apetece
Hacerme sentir guiñapo,
Traicionera de los besos,
Róbale otro a esta boca.






@manuelbrito59
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martes, 15 de octubre de 2019

Bonita



Bonita...
Con esos ojos negros,
Dibujados en llanto
Por aquel que se fué.

Bonita...
Lamento tus quebrantos,
Se que no he sido un santo
Pero siempre te amé.

Bonita...
A esos párpados tuyos,
Cerraré con un beso,
Sin tu amor no me iré.

Bonita...
Te daré estos arrullos,
Yo cuidare tu manto,
Duerme, aquí yo estaré.



@manuelbrito59
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